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Full text of "Recóndita armonía; poesías. Prólogo de Ovidio Fernández Ríos, editadas por Raúl Jubín Quadros"

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Fiorito,  Francisco  B, 
Recóndita  armonía 


RECÓNPITA  +  +  + 
+  +  +  +  ARMONÍA 

POESÍAS  DE 

FRANCISCO  B.  FIORITO 


PRÓLOGO    DE 
DON    OVIDIO     FERNÁNDEZ     RÍOS 


EDITADAS    POR 
RAÚL  JUBÍN   QUADROS 


MONTEVIDEO 
TALLERES    CE    MOSCA    HNOS.    18    DE    JULrO,    1S74 

1  e  1  8 


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RECÓNDITA  ARMONÍA 


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Digitized  by  the  Internet  Archive 

in  2010  with  funding  from 

University  of  Toronto 


http://www.archive.org/details/recnditaarmonOOfior 


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11  Oq  qOO  ooo     ooo  o°^b         qO  II 

Av  °°°ooooo°°    °OooooooO°   °OooO°   °Ooobooo°°    °OooooooO°  /(K 


PROLOSO 


//e  aqiii  un  nuevo  poeta  que  surge,  deshojando 
sobre  este  libro  las  rosas  iniciales  de  sus  jardines  re- 
cónditos . 

Libro  de  juventud,  donde  el  poeta  ha  volcado  la 
primera  esencia  de  sus  ilusiones;  donde  ha  bordado  la 
primera  leyenda  de  sus  ensueños;  donde  ha  sollozado 
su  primera  angustia ;  donde  ha  sentido  su  primer  de- 
seo;  donde  ha  esculpido  su  primera  idea,  y  donde  ha 
dejado,  al  fin,  estremecido ,  su  primer  beso  de  emoción 
y  de  esperanza 

Libro  de  juventud.  Versos  sinceros,  llenos  de  in- 
genuidad, que  tienen  la  tenue  transparencia  de  un  ve- 
lo, por  el  que  a  través  viéramos  su  alma,  su  alma  de 
niño,  toda  ensoñación,  toda  dulzura,  pero  impregnada 
a  veces  de  una  vaga  tristeza,  como  si  evocara  en  el 
silencio,  alguna  fugitiva  quimera,  amada  e  imposible. 
Alm.a  sensitiva,  fácil  a  las  alucinaciones  y  propicia  a 
todas  las  influencias  sentimentales ;  alma,  como  él  mis- 
mo dice,  que  tiene  palidez  de  aurora,  sombras  de  no-, 
che  y  claridad  de  día! 

Libro  de  juventud.  Libro  de  honda  emotividad  que 
tiene  la  virtud  de  conmovernos  con  el  suave  perfume  de 
sus  versos  sencillos.  Libro,  donde  el  poeta,  para  triun- 
far, no  ha  tenido  necesidad  de  recurrir  al  dislocamien- 
io  del  vocablo,  a  la  retórica  artificiosa  y  a  la  imagen 
atrevida,  para  decirnos  con  inefable  encanto  las  bellas 
cosas  de  su  interior.  Todo  en  él  se  desliza  con  la  sua- 


6  PRÓLOGO 

vidad  del  agua  de  una  fuente  tranquila.  ¡  Armonía  se- 
rena, armonía  apacible,  como  la  vaga  palpitación  de 
un  beso  amoroso,  como  el  leve  rumor  de  un  ala  en  rum- 
bo al  infinito ! . .. 

* 

Este  libro  es  la  inicial  de  una  victoria. 

Leed  sus  páginas.  No  serán  ellas  acabada  obra 
de  bizarra  maestría.  No  se  revelarán  en  ellas,  aun,  con 
el  vigor  consagratorio,  la  impecable  ejecución,  la  línea 
eurítmica,  la  arquitectura  suntuosa,  la  cince loción  ob- 
sesionante del  orfebre  rígido.  No  animará  sus  estrofas 
el  calor  de  austeras  reflexiones,  de  graves  sentencias, 
de  inflexibles  preceptos;  ni  tendrán,  aún,  la  elegante 
agilidad  que  les  imprime  la  diestra  sabiduría  artística. 
Es  lógico.  Los  años  gestan  la  obra. 

Pero,  no  obstante,  ya  se  vislumbran  en  este  libro 
modalidades  promisoras.  Es  que  hay  fuertes  garras  en 
este  poeta  para  realizar  una  futura  obra  admirable. 
Hay  verdadera  inspiración  y  rasgos  firmes  de  una  na- 
ciente personalidad  propia.  Auguro  que  Fiorito,  —  sin 
desconocerle  el  alto  valor  poético  de  este  su  primer  li- 
bro —  ha  de  triunfar  plenamente  en  la  lírica  continen- 
tat:  No  es  un  augurio  antojadizo  o  galante,  sino  el 
resultado  de  una  serena  observación  y  frío  análisis.  Su 
espíritu  caballeresco  y  romántico,  su  acendrado  amor 
a  la  Belleza,  su  inclinación  ferviente  a  los  estudios  in- 
signes, su  magnífica  alma  de  aiiísta,  y  su  condición 
de  soñador  silencioso,  serán  factores  decisivos  para 
que  su  obra  futura  sea  realmente  victoriosa,  gallarda- 
mente triunfal! 

Y  ha  de  vencer,  en  esa  justa  gloriosa,  con  el  sen- 
timiento, que  es  la  nota  relieve  que  en  sus  versos  pre- 


PROLOGO  7 

domina.  No  serán,  quizás,  sus  cantos,  los  de  un  lu- 
chador combativo  y  enérgico,  con  sus  armas  pesadas 
para  lides  violentas  No  serán  sus  cantos,  sones  de 
bronces  para  somatenes  revolucionarios,  ni  espada  ful- 
mínea para  redenciones  humanas. 

No  han  de  tener  esa  férrea  armazón,  sus  cantos, 
porque  ya  en  este  poeta  se  denuncia  el  carácter  de  su 
estilo  y  de  su  idiosincrasia ,  que  lian  de  plasmar  en 
definitiva  su  personalidad.  Fiordo  es  un  cantor  suave 
y  romántico.  Sus  estrofas  tienen  un  sello  original  de 
melancolía,  y  por  fso  no  es  aventurado  afirmar  que 
su  consagración  de  portalira  asentará  sus  prestigios  con 
la  musa  de  la  emoción  y  del  sentimiento.  Bécquer, 
amante  predestinado  de  la  dulzura,  Musset,  pálido  ena- 
morado de  las  lunas  tristes,  Ñervo  arrodillado  ante  la 
majestad  humilde  de  la  virgen  Melancolía,  Giménez 
sollozando  en  las  tardes  lluviosas  por  los  jardines  so- 
litarios, fueron  todos  ellos,  besados  por  la  misma  Glo- 
ria amorosa  que  besó  la  frente  llena  de  huracanes  de 
Hugo,  y  la  musa  soberbia  y  resonante  de  Andrade! 

Es  que  si  bien  entusiasma  y  conmueve  el  épico 
clarín  guerrero,  vibrando  en  medio  de  una  carga  victo- 
riosa, no  menos  sacude  de  sentimiento  al  alma,  la  dul- 
ce serenata  de  una  mandolina,  que  dice  el  ruego  aman- 
te debajo  de  una  reja,  florecida  de  madreselvas.  Y  la 
virtud  mayor  de  los  poetas  es  saber,  cualquiera  sea  la 
cuerda  con  que  música  I  icen  sus  estrofas,  hacer  llegar 
hasta  el  fondo  de  las  almas,  una  impresión  de  belleza 
y  un  latido  de  emoción .... 

Y  este  noble  iniciado  ha  conseguido,  sin  esfuer- 
zos, encauzar  su  inspiración  por  la  senda  sentimental; 
y  por  eso  sus  versos,  cariciosos  e  ingenuos,  conquis- 
tan de  inmediato  el  espíritu,  dejando  tras  de  sí,  ora 


P  RÓLOOO 


un  diáfano  rayo  de  luz,  ora  un  perfume  de  rosas  pri- 
maverales, ora  una  gota  de  amargura  y  de  desolación 
inexolicable ! 


¡Fiorito  ha  conmovido  mi  alma! 


* 
*  * 


Las  letras  uruguayas  están  de  parabienes. 

De  un  tiempo  a  esta  parie,  viene  surgierulo  con 
altos  méritos  y  halagadoras  promesas,  una  pléyade  de 
jóvenes  poetas,  que  con  sus  obr-as  y  sus  entusiasmos, 
ha  provocado  un  hermoso  resurgimiento  artístico  en 
nuestrv  ambiente.  Los  que  amamos  con  sinceridad  to- 
das las  manifestaciones  superiores  que  tiendan  a  bene- 
ficiar la  cultura  de  un  pueblo,  debemos  congratular- 
nos con  estos  bellos  acontecimientos. 

Y  Flor  lio  se  ha  incorpor'ado  valientemente,  con 
cr-edenciales  de  honor  y  de  triunfo,  a  esa  brillante  fa- 
lange de  artistas.  A  ellos  corresponde ,  pues,  corno  mi- 
sión elevada  y  civilizadora ,  iniciar  un  nuevo  flor-eci- 
rniento  de  la  poética  nacional,  como  lo  fuer-a  en  aque- 
llos felices  dias  en  que,  Herrera  y  Reissig,  aquel  di- 
vino pájarv  maravilloso,  cantara  en  su  ilustr-e  torre  de 
los  panoramas,  Frugoni  vibrvra  desde  lo  más  hondo, 
Papini  gorjeara  en  la  r-eja,  Vasseur  declamar-a  sus  can- 
tos augúrales,  de  las  Carreras  r-everenciar-a  a  la  escul- 
tural y  fascinante  Lina,  micnti-as  reía  socarrona/nenie 
la  bohemia  fr-ashumante  de  Goicochea  Menéndez! 

Yo  saludo  en  este  poeta  -  niño  que  ha  sabido  cau- 
tivarme con  la  frescur-a  de  sus  versos,,  al  victorioso  de 
hoy,  y  al  poeta  vigoroso  que  en  él  se  gesta  serena- 
mente. Y  estas  ligeras  líneas  de  presentación,  no  lle- 
van título  de  juicio  critico,  pero  sí  una   sincera   impre- 


PROLOGO 


síón  de  mi  espíritu.  Que  ellas,  pues,  sean  solamente, 
como  a  la  usanza  de  tiempos  caballerescos,  humildes 
heraldos  que  anuncien  la  llegada  triunfal  de  un  joven 
príncipe  del  Ensueño,  de  un  nuevo  poeta  que  surje, 
deshojando  sobre  los  caminos  de  la  vida  las  rosas  ini- 
ciales de  sus  jardines  recónditos! 


Ovidio  Fernández  Ríos. 


/linio -I9IS. 


RECÓMPÍTA  ARMONÍA 


OFRENDA 

Yo  canté;  y  al  cantar  con  alegría, 
Llena  mi  alma  de  amor  y  de  esperanza, 
Desbordóse  recóndita  armonía 
Que  el  verbo  mío  a  definir  no  alcanza. 

En  mi  vida,  mis  ansias,  mis  caminos, 
Hubo  una  lenta  floración  de  amores; 
Y,  de  ellos,  mis  cantares  peregrinos 
Fueron  puros  y  pobres  trovadores 

Cantar  de  juventud  es  como  un  pecho 
Que  se  halla  abierto  para  ser  leído ; 
Es  un  cáliz  de  amor;  tal  vez  el  lecho 
De  un  reciente  dolor  y  de  un  olvido. 


12  FRANCISCO   B.   FIORITO 


Pero  siempre  es  amor,  aunque  salvaje 
Se  desate  la  estrofa  vibradora. 
¿No  lloraron  titanes  de  coraje? 
Y  el  dulce  amor  ¿no  es  un  titán  que  llora? 

Cantar  de  juventud  es  la  mirada 
Que  pretende  escrutar  nuevos  arcanos. 
¡Le  derrota  una  hiriente  carcajada, 
O  le  unge  la  gloria  con  sus  manos! 


Os  ofrendo  mi  canto,  padres  míos; 
Es  sincero,  modesto  y  sonriente : 
Si  se  ríen  de  él,  también  reíos! 
¡Vuestra  risa  es  el  lauro  de  mi  frente! 


"recóndita  armonía" 


F.    B.    FIOPITO 


RUEGO 


R   mi   amigo   R.  Tubin   Quaóros 


Yo  te  pióo,  Señor,   que  Tú  no  óejes 
ñ   mi  pobre  esperanza  carcomióa 

Uagar  por  esta  uióa 

Huyenóo  óel  óolor. 

Yo  te  pióo.  Señor, 
Que  no  arranques  el  óaróo  óe  la  herióa 
Que  guaróa   el  corazón. 

Ho  trueques  el  óolor  óe  mis  óolores 
Por  la  celeste  miel  óe  tus  amores... 
¡Que  en   mis  espinas -no  broten  flores 
Con   la  sangre  óe  tu   crucifixión! 

Sólo   pióo,  Señor,  que  tu   miraóa 

Rlumbre  mi  moraóa 
Y  mis  tinieblas  óe  pecaóor. 

jYo  tengo  ansias  óe  luz! 
¡Por  la  señal  óe  la  Santa   Cruz, 
Escúctiame,  Señor! 


RECÓNDITA   ARMONÍA  13 


¿POR  QUÉ  CANTO? 

A  Amelio  Beilini. 

Yo  canto  por  cantar.  Porque  en  la  oscura. 

Recóndita  espesura 
De  la  selva  uruguaya  de  mi  alma, 

Ha  pulsado  la  palma 
Las  rojas  ceibas  y  el  gallardo  ombú, 
La  mano  de  los  aires  de  mi  suelo, 
Las  ráfagas  violentas  de  su  cielo, 

La  ardiente  juventud, 
Cual  si  ellos  fueran  colosal  laúd. 
Alma  que  tiene  palidez  de  aurora. 
Sombras  de  noche,  claridad  de  día; 

Alma  que  sola  llora 
Con  el  mismo  placer  que  ayer  reía; 
En  mentiras  mil  veces  pecadora 
Pues,  era  tuya  y  la  llamaba  mía; 

¡  Un  alma  de  poeta  soñadora, 
Que,  a  no  ser  lo  que  es  hoy,  hubiera  sido 
Un  sabia  montaraz,  solo  y  sin  nido! 


14  FRANCISCO  B.   FIORITO 


YO   NO    SÉ 


Al  Pbro    Arturo  Mossman  Oros. 


¡Yo  no  sé  qué  tristeza  les  llena 
Que  están  siempre  llorando  los  cielos! 
Por  las  noches,  es  llanto  de  estrellas; 
Por  los  días,  es  llanto  de  fuego; 

Y  aun  más  llanto  es  la  dulce  caricia 
Que  llora  su  lánguido  riego, 

En  la  sombra  amasada  con  luces 

Y  color,  si  atardece  a  lo  lejos. 


Es  la  pálida  luna  que  viene, 
Y  que  siembra  sus  besos 
Por  la  inmensa  llanura. 
Que  se  nutre  de  blancos  reflejos. 
jEs  la  vieja  tristeza, 
Es  el  llanto  eternal  de  los  cielos! 


RFCÓNDITA    ARMONÍA  15 


II 

Yo  no  sé  si  son  ellos  que  lloran, 
O  soy  yo  que  llorando  los  creo. 

Yo  no  sé Yo  no  sé 

Yo  no  puedo  atreverme  a  estar  cierto : 
Que  tal  vez  esté  viendo  mi  alma 
Reflejada  en  los  cielos 

III 

Una  estrella  brillante 
Puede  ser  un  opaco  deseo. 
Una  luna  callada 
Puede  ser  un  amado  recuerdo. 
Un  crepúsculo  rojo, 
La  acuarela  de  un  beso. 
Una  rápida  nube 
Puede  ser  un  esbozo  ligero, 
Melancólico  y  triste 

De  un  romántico  ensueño 

Yo  no  sé Yo  no  sé 

Yo  no  puedo  atreverme  a  estar  cierto 

jQue  el  llorar  de  mi  alma 

Bien  pudiera  ser  llanto  de  un  cielo! 


16  FRANCISCO   B.  FIORIFO 


YO  SOY,  SEÑORA, 


Yo  soy,  señora,  un  trovador  guerrero, 
Con  un  alma  flexible  como  acero     . 
Para  el  bien,  el  amor  y  la  hidalguía, 
Que  mi  pecho  siente. 
Yo  he  vivido  una  vida  muy  extraña 
Solitario  y  errante  en  la  montaña 
De  la  cordillera 
De  mi  fantasía. 

Allí  tin  eterno  sol  siempre  naciente 
En  la  empinada  cumbre  reverbera 
Del  eterno  día 

Yo  soy  en  todo  una  expresión  guerrera: 

Soy  mano  certera 

Que  detuvo  la  daga  traicionera 

De  vuestra  mirada; 

Soy  escudo  de  hierro  a  vuestra  espada 

Que  me  quiso  herir; 

Y  soy  un  profesor  de  sentimientos, 

Porque  haciéndome  sordo  a  los  lamentos 

Vuestros,  señora,  os  enseñé  a  sufrir. 


RECÓNDITA   ARMONÍA  17 


HISTORIA  BREVE 

A  Ariel  Cabrera. 

Un  caballero  luchador  galante, 
Un  esforzado  caballero  andante, 

Lleno  de  amor  besó 
La  blanca  mano  de  la  dama  bella, 

Y  en  su  alazán,  cual  errabunda  estrella, 

En  la  batalla  entró 

Y  el  caballero  luchador....    venció. 

Pero,  al  retorno  de  aquel  lance  rudo. 
Que  tiñe  en  gloria  el  triunfador  escudo, 

A  la  dama  no  halló  

Con  férreo  casco  se  ciñó  la  frente, 

Y  en  su  alazán,  como  visión  doliente, 

En  la  batalla  entró 

Y  el  caballero  luchador murió. 


18  FRANCISCO   B.   FIORITO 


SED 


A  Berta  Ferrari. 


¡Pobre  la  enfernrita! 

¡Hermanita,  herriiana! 

¡Ay!  déme,  aunque  sea 

Una  gota  de  agua ; 

Que  siento  en  el  pecho  un  gran  fuego 

Que  alioga,  que  mata; 

Y  siento  que  en  todo 

Mi  cuerpo  la  sangre  se  para, 

Y  salen  corriendo  dolientes 
Dos  chorros  de  lágrimas 
De  estos  mis  ojos 

Que  nunca  lloraban .   ... 

¿Qué  tengo,  hermanita? .... 

Si  no  tengo  nada, 

¿Por  qué  en  este  cuarto  me  dejan 

Tan  sola  y  en  cama? 

¡Pobre  !a  enfermita! 


Recóndita  Armonía  19 


¡Hermanita,  hermana! 
¡Ay!....    déme,  aunque  sea 
Una  gota  de  agua, 

Que  siento 

¿Que  calle 
Me  dice  mi  hermana? 
¡Que  calle!  ¡y  no  sabe 
Que  tengo  parleras  las  fibras  del  alma! 
¡Que  tengo  llorosa 
La  triste  mirada! 
Mi  voz  ya  no  suena 
De  puro  apagada; 
¡Y  tengo  una  historia  de  penas 
Tan  larga Tan  larga! 


¿Qué  tengo  hermanita? 

¡Hermanita,  hermana! 

¡Ay!....  déme,  aunque  sea 
Una  gota  de  agua 

¿Por  qué,  no  comprendo, 
Mis  sedes  no  apaga. 
Ni  moja  mis  labios. 


20 


FRANCISCO   B    FlORlTO 


Ni  mis  ansias  calma, 

Ni  noto  frescura,  consuelo,  ni  alivio? 

¡Las  sedes  me  abrasan! 

¿Qué  tengo,  hermanita? .... 


Y  dijo  a  la  enferma  la  hermana 
No  pienses,  y  llora : 
Que  sólo  con  lágrimas 
Se  apagan,  querida. 
Las  sedes  del  alma! 


m  J^ 


Recóndita  Armonía  21 


ROSAS  BLANCAS 


A  Nelly, 


Te  llevé,  con  mis  sueños  de  amores, 
Te  llevé,  con  mi  amor,  rosas  blancas 
De  un  querido  rosal,  que  yo  había 
Cultivado  en  el  huerto  del  alma. 

Las  tiñeron  de  rojo  tus  labios 
Cuando  yo,  en  mis  locuras  extrañas, 
Me  olvidé  del  rosal,  de  las  flores, 
De  tu  amor  y  de  tí,  dulce  amada. 

De  mortal  palidez  se  cubrieron, 
Y  contigo  mi  ausencia  lloraban ; 
Y,  cual  tú,  en  mi  vuelta,  tenían 
Una  dulce  y  tranquila  esperanza. 


22  Francisco  B.  Fiorito 


Porque  cuentan  antiguas  leyendas 
(Unas  viejas  leyendas  muy  raras) 
Que  no  puede  la  niña  olvidarse 
Del  galán  que  le  dio  rosas  blancas; 

Que  morían  reales  princesas 
Esperando  al  poeta  sin  patria, 
Que  vendría  a  dejar  en  su  reja 
El  vibrar  de  su  lira  de  plata. 

Y  las  notas  del  canto  del  bardo, 
Al  entrar  por  la  abierta  ventana, 
Parecían,  o  eran  acaso. 
Un  enjambre  de  rosas  con  alas. 

jOh  las  viejas  leyendas!  ¿No  es  cierto 
Que  da  celos  y  envidias  y  ganas 
De  volver  a  los  tiempos  pasados, 
De  vivir  esas  vidas  pasadas? 


Recóndita  Armonía  23 

Pues,  si  quieres,  haremos  leyendas, 
Unas  nuevas  leyendas  muy  raras: 
Tú  serás  una  triste  princesa 
A  tu  regio  balcón  asomada; 

Yo  seré  un  trovador  taciturno 
De  flotantes  guedejas  rizadas, 
Que,  pulsando  su  lira,  te  brinde 
Muy  sentidas  canciones  galanas. 

Y  tendrás,  con  mi  amor,  mil  leyendas, 
Y  tendrás,  con  mi  amor,  rosas  blancas 
De  un  querido  rosal,  que  yo  tengo 
Floreciendo  en  el  huerto  del  alma. 


I -¿3^ 


Recóndita  Armonía  25 


i  SEÑOR ! . . . 

A  Matilde  Saint  Upéry. 

¡Señor!  yo  necesito  la  luz  de  aquellos  ojos ; 
La  voz  de  su  pupila  concédeme,  Señor! 
Yo  haré  para  tu  gloria  sus  dulces  labios  rojos : 
Flamígera  portada  del  regio  trovador, 

Que  aplaca  tus  enojos ; 

Pues  lleva  hacia  tu   seno 

Bajeles   de    oro   lleno 

Por  mares  de   dolor ! 

Sus  dulces,  puros  labios  cantándote  alabanzas : 
Del  ánima  lenguaje  sonoro  y  musical. 
¿No  fueron  a  tus  manos,  dadoras  de  esperanzas, 
Cual  a  mi  reja  vienen  los  cantos  del  zorzal? 

El   río  de  aguas  mansas 

Que  lleva  hacia   tu  seno 

Bajeles  de  oro    lleno. 

Fantástico  caudal! 


26  Francisco  B.  Fiorito 


¿Por  qué  la  transportaste  volando  hacia  la  altura, 
Donde  por  alas  truecan  los  brazos  de  su  cruz, 
Los  seres  que  llevaron  su  espléndida  hermosura 
Del  cuerpo  en  el  profundo  cual  velador  capuz? 

La    regia   llama  pura 

Que  lleva   hacia  tu   seno 

Bajeles   de  oro  lleno 

Por  sombras  a   la  luz! .... 

¡Señor!  tú  bien  lo  sabes  que  siempre  yo  la  veo, 
Y  es  fuerza  que  lo  sepas  pues  tú  me  la  haces  ver, 

Al  pálido  reflejo  de  un  vivido  deseo 

¡Seiior! . . .  que  yo  la  quiero  como  ángel  y  mujer! 

Seilor,  que   yo   la   creo 

Llevando  hacia  tu   seno 

Bajeles  de  oro  lleno 

De  llanto  y   de   placer; 
Señor,  yo  seré  fuerte,  piadoso,  santo,  bueno, 
Si  dejas  en  sus  ojos  mis  ojos  encender. 


Recóndita  Armonía  27 


Para  Manuel  Duran. 


Es  inútil  que  me  empeñe  y  que  me  irrite, 

Que  frenético  me  agite 

Es  inútil;  no  podría 
Detener  la  vibración,  la  melodía 

Que  me  llevan  amarrado 
A  su  carro  de  combate  consagrado. 

Es  inútil  qne  forceje  y  me  rebele.... 

Hay  un  brazo  que  me  impele 

A  pulsar  la  lira  amante ; 
Hay  un  ojo  con  pupila  de  diamante 

Que  me  mira  y  que  me  ordena 
Que  de  estrofas  te  desgrane  una  cadena. 

Yo  quisiera  que  mi  canto  te  llegara. 

Que  mi  canto  te  cantara 
Sin  ropaje  de  palabras  y  sin  versos ; 

Que  salvajes  y  dispersos, 
Mis  decires  y  mis  besos  y  mis  risas 

Te  besaran  cual  las  brisas. 


/ 


28  FRANCISCO   B.    FlORITO 

O  cual  recios  huracanes  te  besaran: 
Que  la  frente  te  azotaran, 

Y  te  hicieran  la  bravia 
Compañera  de  mi  indómita  energía ; 

Y  te  hicieran  la  serena 
Compañera  de  mis  risas  y  mi  pena. 

Que  te  hicieran  mujer  fuerte  y  muy  sensible, 

Caminando  al  imposible 
Del  triunfo  y  de  la  gloria  que  no  encuentro, 

Y  que  llevo  muy  adentro 

De  mis  ansias  soñadoras  de  infinito. 
Que  bebieron  en  un  cráter  de  granito 

El  licor  de  fuego  y  lava  incandescente. 

Y  que  luego,  suavemente 
Te  cantaron  sus  amores ; 

Te  lloraron  tristemente  sus  dolores. 
Porque  debes  de  saber,  amada  mía. 
Que  hasta  el  llanto  es  un  signo  de  energía. 


Recóndita  Armonía  29 


EL  FRÍO  Y  LA  HOGUERA 


Al  P.  Arnoido  C.  de  J.  Bernasconi. 


I 


Hace  frío.  Llegó  tranquilamente 
Este  señor  de  blanca  cabellera. 

Es  de  hielo  su  frente : 
De  ese  hielo  que  cubre  la  pradera. 
Se  ha  metido  en  mi  alcoba 

Y  es  el  dueño  de  ella. 

Y  parece  que  roba 

A  mis  ojos  la  lumbre,  o  a  la  estrella 
Le  quita  vibración  y  es  menos  bella. 

Tiene  frías  las  manos 
Y  lo§  ojos  callados  y  dormidos; 

Y  parecen  gusanos 
Sus  dedos  ateridos, 

Y  parecen  arcanos 

Sus  labios  comprim.idos. 


30  Francisco  B.  Fiorito 

Se  ha  metido  en  mi  alcoba  y  él  la  llena. 
El  lugar  en  la  cama  me  ha  usurpado, 

Y  íalvez,  se  propone 

Largo  tiempo  vivir,  aquí,  a  mi  lado. 

Su  tristeza  me  apena ; 

Pero,  Dios  me  perdone : 
Esta  noche  echaré  al  anciano  afuera. 
Al  encender  la  acostumbrada  hoguera. 

11 

Hace  frío.  Se  fué  rápidamente 
La  niñita  de  rubia  caballera. 
Era  pura  su  frente 
Como  el  hielo  que  cubre  la  pradera. 
Se  fugó  de  mi  alma 

Y  aun  es  dueña  de  ella. 

Se  ha  llevado  el  calor,  y  hasta  la  estrella 
De  fulgores  silentes, 

Y  los  soles  ardientes 

Se  fugaron  con  ella 


Recóndita  Armonía 


31 


Se  fugó  de  mi  alma  y  aun  la  llena. 
Yo  no  puedo  llorar,  porque  la  espero, 
Y  es  muy  necio  llorar  con  esperanza; 
Mas,  la  ausencia  es  muy  fría  ; 
Y  por  eso  yo  quiero, 
Si  mi  fuego  no  alcanza, 

Resguardar  del  invierno  esta  alma  herida 

Y  que  Dios  me  perdone,  si  tuviera, 
Al  volver  la  niñita,  nueva  hoguera 
En  el  alma  encendida. 


Recóndita  Armonía  33 


DIGNO   FIN 

Al  Poeta  Ovidio  Fernández  Ríos. 

Yo  te  he  visto  marchar,  amigo  mío, 
Con  !a  firme  pujanza  del  guerrero 

Y  a  la  lucha  llegar  con  aquel  frío 

Y  apuesto  continente  del  acero. 

Y  luchar,  y  vencer  y  en  el  bravio 

Y  andante  palpitar  del  entrevero, 
Dejar  versos  de  sangre,  cual  rocío 
Germinal  de  tu  mundo  aventurero. 

Domador  de  la  fuerza  de  la  idea, 
Tú  no  puedes  vivir  sin  la  pelea, 
Sin  tus  alas  de  luz  y  sin  tu  nido. 

Sólo  falta  a  tu  gloria  consagrada 

La  pupila  del  mundo,  que,  asombrada, 

Se  dilate,  al  saber  que  has  perecido. 


MONS.  MARIANO  SOLER 


MONS.  EUSEBIO  PE  LEÓM 


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MONSEÑOR  MARIANO  SOLERO 

He  sentido  una  voz  que  vibraba 

Llamando  a  mi  estro : 
Era  voz  que  llegaba  de  afuera 
Y  se  unía  a  las  voces  de  adentro. 

Es  la  voz  que  he  sentido  mil  veces 
En  el.  rudo  estallar  de  los  truenos, 

Sonando  en  el  alma 

Más  fuerte  que  ellos ; 
Que  me  hablaba  de  todo  lo  grande, 
De  todo  lo  puro,  de  todo  lo  bueno. 

También  la  he  sentido 
Vibrar  en  mi  pecho 
Al  son  de  campanas 
Que  tocan  a  muerto . . . 


{')  Poesía  premiada  con  primer  premio  en  el  concurso  literario 
•n  homsnajs  al  I.  y  R.  M.«r  Dr.  Mariano  Soler,  primer  Arzobispo 
de  Montevideo,  celebrado  en  esta  ciudad  en  I9!6. 


38  FRANCISCO  B.   FlORITO 


La  sentí,  cuando  estaba  postrado, 
Ante  el  Dios  que  recoge  mis  ruegos  ; 

El  Dios  que  me  dice : 

Allí  está  lo  bueno, 

Camino  seguro 

Que  lleva  a  los  cielos. 

La  sentí,  cuando  hablaba  la  patria 
De  los  hijos  que  gloria  le  dieron, 
De  los  hijos  que  solos  tenían 
Almas  fuertes  y  fuertes  cerebros 


Y  esa  voz  ha  encendido  en  mis  venas 

Un  rebelde,  imposible  deseo 

De  forjar,  con  mis  sueños  de  niño, 

Un  héroe  de  Homero; 
De  cantar  una  gloria  uruguaya 
Que  obsesiona  mi  amor  y  mi  estro, 

Que  vive  en  mi  pluma 

Formada  de  ensueños, 

Con  vida  divina 

De  patrios  anhelos 


Recóndita  ARiMonia  39 


¡Y  yo  quiero  ofrendar  a  esa  gloria, 
Que  es  honor  de  mi  estirpe  y  mi  credo. 

De  la  lira,  la  nota  terrena, 
Y  del  alma,  el  amor,  que  es  del  cielo! 


Es  el  niño.  Ya  lleva  en  su  frente 
La  aureola  de  grandes  ensueños, 
En  sus  ojos  callados  y  hondos. 
La  sombra  de  luz  del  misterio ; 

Y  en  la  frente  infantil  se  ha  clavado 

El  pliegue  severo 
Del  que  escucha,  de  hinojos  el  alma, 
Al  numen  interno. 

Son  puros  sus  labios 

Y  su  paso  es  alado  y  sereno  ; 

Son  pasos  del  hombre  que  da  por  la  tierra. 
Subiendo  de  prisa  a  los  cielos. 


40  FRANCISCO   B.    FlORITO 


Es  el  joven.  Las  verdes  campiñas, 

Los  ásperos  cerros, 
Las  mansas  y  puras  corrientes 
Que  cruzan,  cantando,  su  suelo, 
{Cuántos  ritmos  de  arcana  belleza, 
Cuántos  salmos  de  amor  y  de  esfuerzo 

A  su  alma  enseñaron 
Con  la  voz  de  sus  castos  silencios! 

jCuán  puro  crecía, 
Cuan  sabio,  cuan  bueno! 
jCómo  Dios  amaba 
Al  futuro  Samuel  de  su  templo! 


III 


Alboreaba  ya  el  día.  En  las  ramas 
Del  árbol  que  alberga  sus  sueños, 
Cantaba  ya  el  ave 


Recóndita  Armonía  41 

Que  anuncia  los  soies  intensos : 
Los  soles  del  rudo  trabajo, 
Que  forja  en  los  pechos, 

Que  en  los  brazos  forja 

El  músculo  férreo ; 

Que  a  los  surcos  bajan, 

Rígidos  y  negros, 
Y  encienden  en  ellos  la  gracia 
Del  mar  undulante  de  fuego, 

De  música  y  oro 
Del  rubio  trigal  opulento ; 

Los  soles  que  besan  las  almas 
Con  besos  de  amor  y  de  genio, 

Y  truecan  el  cántaro 
Tan  frágil  y  opaco  del   cuerpo, 

En  tea  radiante. 
En  balsámico  vaso  de  incienso. 
En   «Sancta  Sanctorum», 
íLo  más  puro  en  lo  puro  del  templo! 


42  FRANCISCO   B.   FIORITO 


IV 


El  numen  que  guía   sus    pasos, 

Lo   llama  de  lejos ; 
Al   monte  de   mirras  y  áloes 

Do  mora  el   silencio ; 

Al  Jordán  sagrado 
Que  circunda  la  paz  del  desierto. 

Le  habló  de  las  clásicas   mieles 
Del  áureo  saber  de  otros  tiempos 
Las  nítidas  líneas 
De   mármoles  griegos ; 

La  austera  sapiencia   romana, 
Seiiora  y  maestra   de   pueblos ; 
Y  el  lleno   de  gracia, 
De  luz  resonante  venero. 
Que  fluyen   los  santos, 
Los  dulcísimos  labios  del  Verbo .  . . 


Recóndita  Armonía  43 


Su  numen  lo  llama, 

Lo  llama  de  lejos, 

Al  divino  Jordán  solitario 

Do  mora  el  silencio, 
Do  estrechan  su  excelso  connubio 
La  austera  verdad  con  el  genio  . . . 


Adiós,  dulce  patria:  mañana, 
Cuando  arribe  de  nuevo  a  tu  puerto 

Mi  nave,  que  hoy  marcha 
Tan  sólo  repleta  de  sueños. 

Vendrá  rebosante 
—  Carabela  de  audaz  marinero — 

De  oros  de  ciencia. 
De  escudos  sonantes  de  acero. 
De  perlas  de  gracia  divina. 
De  frutos  de  arcano  alimento. 

Y  todo  en  el  ara 

Pondré  de  tu  templo 

¡Yo  ambiciono  brindar  a  tu  gloria 
Toda  mi  alma  de  audaz  caballero ! 


44  Francisco  B.  Fiorito 


La  nave  se  ha  ¡do :  en  la  proa 
Marcha  erguido  un  arcángel  austero  ; 

Y,  asida  al  timón,  va  la  gloria 

Y,  en  las  velas,  soplando  el  ensueño . 

Se  ha  ido .. .  su  numen 
Lo  llama  al  Jordán  del  silencio : 
¡El  silencio  que  es  óleo  divino 
Que  unge  la  frente  del  genio! 


Lira,  calla;  el  arcángel  ha  alzado, 
Imperioso  .en  ¡os  labios  su  dedo. 


Recóndita  Armonma  45 


VI 


¡Qué  radioso  fué  el  sol  de  aquel  día! 
Los  ásperos  cerros 
Saltaron  como  un  cervatillo, 

Y  las  lomas  cual  tiernos  corderos. 

Ha  vuelto  a  las  patrias  colinas 
Varón  ya  perfecto. 

En  el  ceño  viril  se  ha  clavado 
Más  hierático  el  pliegue  severo  ; 

Los  ojos  callados, 

Incansables  perscrutan  misterios 

Mas,  hay  en  su  frente  serena 

No  sé  qué  reflejo. 

No  sé  qué  impalpable  aureola 

De  un  astro  que  brilla  de  adentro ; 

Algo  así  como  aquellos  arcanos, 

Flamígeros  cuernos 
Que  ornaban  la  sien  del  Profeta 
Bajando  del   monte  tremendo 


46  Francisco  B.  Fiorito 

Es  signo   de  espíritu, 

Es   luz  de  misterio, 
Es  el   paso  de   Dios  que  estremece 
El  cántaro  frágil  del  cuerpo. 

El   ha  puesto  el  carbón   hecho    ascuas 

Sobre  el   labio   trémulo, 
Y   ha  volcado  en   la  frente  del  niño. 
Repleto  de  óleos  sagrados,  su  cuerno. 


Vil 


Es  su  apóstol.   Ya  va.   «¡Vaticina!» 

Le  ha  dicho  su  numen  interno ; 

«Vé  a  los  hombres  manchados  y  pobres, 

Débiles  y  ciegos, 

Y  vierte  en  sus  almas 
Mi  bautismo  de  luz  y  de  fuego; 


Recóndita  Armonía  47 


Tus  dedos  enseñen 
La  faz  del  Cordero ; 
Y  sean  tus  labios  panales 
De  la  miel  de  jni  santo  Evangelio. 


Ya  marcha  el  apóstol.   Las  turbas 
Le  guardan  hondísimo  afecto, 
Porque  él   es  muy  sabio, 
Porque  él  es  muy  bueno, 
Porque  él,  al  pasar,  los  bendice, 

Y  sana  sus  duelos, 

Y  en  las  almas  deja 
Perfumes  de  inciensos, 

Y  dice  palabras 

Que  parecen  cantares  de  cielo. 

Sus  labios  son  áureos  panales 
De  dulce  y  robusto  alimento ; 
Sus  manos  son  báculo 
De  flácidos  miembros 


48  Francisco  B.  Fiorito 


Su  paso  es  el  paso  de  un  astro 

Que  es  gracia  y  es  vida,  y  es  luz  y  es  aliento. 


El  astro  camina  a  la  altura ; 
¡Va  a  llegar  al  cénit  de  su  cielo! 


VIII 

El  Pastor  benigno 
Que  regía  la  grey  de  su  pueblo, 

Bajaba  a  su   ocaso. 
En  su  aureola  de  mártir  envuelto. 

El  viejo  Patriarca 
Ya  siente  la  muerte  en  sus  huesos. 
El  Dios  que  sostiene  sus  días, 

Lo  llama  de  lejos. 


Se  me  fueron  ya  los  cantos 
Con  rumores  de  cascada. 


?cg. 


Recóndita  Armonía  49 

¡Ah!  ¡Te  marchas,  tú  que  eras  el  carro 
Y  el  fiel  conductor  de  tu  pueblo!..:. 


¡Se  ha  ido! —   Lo  alzó  de  la  tierra 

Su  carro  de  fuego, 
Su  carro  de  intenso  martirio, 

De  amor  y  de  celo. 

Mas,  el  palio  cayó  de  sus  hombros, 
Mientra  iba  subiendo, 

Y  ha  posado  en  los  hombros  robustos 

Del  nuevo  Eliseo : 

El  tiene  la  gracia, 

Los  ojos  profetices. 

La  inmensa  dulzura 

Y  el  férreo  valor  del  Maestro. 

La  cruz  fulgurante 

Ya  pende  en  su   pecho, 

Y  sus  manos  aferran  el  báculo 

Que  le  anuncia  p3<^tor  de  su  pueblo. 


5U  Francisco  13.  Fiorito 


¡Cómo  fluyen  entonces  sus  labios 
Incansables  divino  alimento! 
¡Cuál  hiende  su  pluma 
Los  surcos  de  luz  del  misterio, 

Y  vuelcan  la  santa  siiniente 
Sus  manos  de  excelso  labriego! 

Y  el  báculo  aquel  apacible 
Del  manso  pastor  de  corderos, 

Trocábase,  a  veces, 
En  espada  de  audaz  caballero ; 

Y  el  dulce  y  tranquilo 

Fluir  de  su  verbo 
Era  ariete  invencible  que  hendía 
Los  baluartes  que  alzaba  el  averno. 


IX 


¡Oh  qué  días  de  gloria  cruzaron 

Bajo  el  tórrido  sol  de  su  genio! 

Fué  grande  la  patria. 


Recóndita  Armonía  51 


Fué  dócil  su  pueblo ; 
La  luz  y   el  decoro 
Velaban  la  faz  de  los  templos 


¡Dios  ceñía  con  yelmo  de  gloria 
La  sien  del  audaz  macabeo! 


¡Oh!  ¡La  gloria! El  puso  en  su  escudo 

Su  lema  guerrero : 

«M  gloria  es  tan  solo 
La  cruz  del  Divino  Maestro*. 

¡Su  cruz  que  es  su  gloria!...  Hace  mucho 
Que  él  siente  en  su  pecho 
Una  inmensa,  divina  nostalgia 
De  gloria  de  cielo ; 
Un  fuego  que  roe 
El  cántaro  frágil  del  cuerpo, 
Un  brío  de  alas 
Que  quiebra  el  capullo  terreno. 


52  FRANCISCO   B.    FlORITO 

Su  numen  lo  llama 

El  lo  siente  llamar-  de  muy  lejos, 

Tan  lejos  que  él  cree 
Lo  siente  llamar  desde  el  cielo. 


X 

Una  tarde  lloraron  las  auras 
Que  cruzan  los  ásperos  cerros ; 
Cernióse  en  los  aires 

El  ave  fatal  del  silencio 

Fué  noche  en  la  patria 

¡Las  campanas  tocaron  a  muerto! 


Lira,  calla:  no  turben  tus  notas 

La  paz  de  su  sueño ; 
Tú  no  sabes  aún  como  canta 
La  muerte  sus  hondos  misterios. 


Recóndita  Armonía 


53 


Suspende  a  tus  cuerdas 
Crespón  de  amarguísimo  duelo, 

Y  bríndale  tímida 

Tu  canto  pequeño : 
¡En  el  va  el  amor  que  es  de  un  niño 
Que  ha  aprendido  el  amar  de  los  cielos! 


ooo  ooo  ooo  ooo  ooo  ooo  ooo  ooo  ooo  ooo  ooo  ooo  ooo 

I 


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^°ooooooO°    °OooooooO°   °OooO°   °OooooooO°    "oooooooo*^ 


LAS   MANOS 

A  Margarita  Ferrari. 

Una  noche  transparente  cual  las  aguas 
Del  estanque  sin  baje!  de  la  esperanza; 
Una  noche  precursora  de  los  días 
En  que  vagan  por  atmósferas  etéreas 
Los  recuerdos  de  las  blancas  lunas  pálidas, 

Una  noche  que  era  digna 

De  rumores  y  cascadas, 
Caminaba  tristemente  por  los  campos 
Como  un  alma  por  condenas  doblegada, 
Como  un  alma  pecadora,  que  ha  perdido 

La  blancura  de  sus  alas 

Y  las  manos  de  los  vientos , 
Que  tomando  los  reflejos  de  la  luna. 
Como  peines  nacarados. 
Suavemente  se  peinaban, 


56  Francisco  B.  FiORiro 


Despertaron  en  mí,  sueños 
Con  conjuros  de  sibilas  y  de  magos, 
Con  palabras  cabalísticas  brotadas 
De  la  boca  de  una  vieja  nigromántica 


De  esos  sueños  que  no  dañan  a  los  buenos 

Y  los  pechos  de  los  malos  despedazan; 

Que  a  los  niños  dan  temores, 

Y  a  los  hombres  les  recuerdan  sus  nostalgias 


Y  aun  erraba  por  los  campos  mi  tristeza. 
Como  un  buho  de  la  noche  solitaria; 

Y  mis  ojos  perscrutaban  los  espacios 
Que  los  astros,  como  flores,  salpicaban... 


Y  se  fueron  mis  tristezas, 
Como  un  buho  que  a  la  sombra  se  tornara, 


Recóndita  Armonía  57 


Había  visto  más  allá  de  las  estrellas, 

Más  allá  de  los  reflejos 

De  la  blanca  luna  pálida, 

Unas  manos  dolorosas 
Por  los  clavos  de  los  malos  traspasadas, 
Que,  con  señas  de  cariño 

Y  de  amor  y  de  esperanza, 

A  su  lado  me  llamaban. 

Disipando  mis  dolores 
Y  mis  sueños  con  la  vieja  nigromántica, 
Contra  un  pecho  traspasado 
Dulcemente  me  apretaban 


Desde  entonces  no  me  besan  las  tristezas, 
No  me  besan  las  nostalgias. 


m 


58  Francisco  B.  Fiorito 


POETA 


A  Luis  Alberto  Fernáfidez. 


¿Quién  dijo  C]ue  cantar  es  cosa  vana 
Y  que  el  bardo  es  mendigo  de  alta  frente? 
Si;  mendigo  de  gloria  en  el  presente, 
Pues  la  gloria  es  un  hijo  del  mañana. 

No  seduce  al  poeta  regia  grana; 
No  le  ciegan  del  oro  los  albores; 
Prefiere  la  fealdad  de  ruiseñores 
Al  vestido  de  seda  que  engalana. 

Su  verso  es  hijo  de  hada  o  de  sirena 
O  de  muy  fiero  y  bárbaro  titán ; 
Por  eso  es  que  lleva  el  alma  llena 
De  aire  puro  y  zarpazos  de  huracán. 

i  Ese  es  vate,  que  vive  sin  melena 
A  quién  mil  melenudos  seguirán! 


Recóndita  Armonía  59 


EL  TRIBUTO 


Para  Jorge  de  la  Torre 


¡  Pobre  mi  lira  !  ¡  pobre 
La  lira  aquella  del  poeta  errante, 
Que  viene  a  desgranar  sus  melodías 
Sobre  muertas  y  viejas  alegrías 
Como  soles  dorados  y  brillantes! 

¡  Pobre  esta  lira  joven  y  potente, 
Que  vivió  sin  regazos, 
Y  que  tiende  sus  brazos 

Hacia  los  cielos,  doiorosamente  ! . . . . 


Es  otra  la  que  pulso,  no  es  aquella 
Monocorde  que  sólo  amor  cantaba, 
Porque  sólo  decía  que  eras  bella, 
Porque  sólo  decía  que  te  amaba. 


60  Francisco  B.  Fiorito 


¡  Pobre  el  Vate  errabundo 
Que  se  pone  a  tañerla  tristemente 
En  el  silencio  de  las  noches  claras! 

Y  van  sus  notas,  en  tropel,  al  mundo, 
Sin  encontrar  una  divina  frente, 
Donde  dejar  sus  vibraciones  raras. 
Sin  encontrar  los  labios  de  la  amada. 
Sin  encontrar  su  mano  cariñosa 
Ni  un  rayito  de  sol,  alma,  ni  rosa 

Ni  blanca  mariposa 
A  quien  contar  sus  quejas  marchitadas 
Por  los  rayos  de  un  sol  desconocido... 


1  Sólo  saben  vivir  para  el  olvido 

A  quien  pagan  tributo  en  carcajadas ! 


Recóndita  Armonía  61 


ANSIAS 

A  Eugenio  M,  Sacarello. 

He  sentido  unos  pasos  sigilosos, 
Que  en  torno  de  mis  sueños, 
Vagaban  temerosos 

Eran  cadencias  de  recuerdos  viejos 
Henchidos  de  idealismos, 
Que  abrían  los  abismos 
Tranquilos  de  mi  vida. 

Unos  blancos  fantasmas  impalpables  ,. 
Que  buscan,  miserables, 
La  llave  de  mi  anhelo; 

Y  unos  seres  con  gracia  de  amapola,. 
Que  tiñen  la  corola, 
Con  luces  de  mi  cielo. 


62 


Francisco  B.  Kiorito 


Unos  genios  alados  seductores, 
Que  liban  la   dulzura 
De  lodos  los  amores, 
Y  vierten  la  amargura 
De  todos  los  dolores 

Y  he  sentido  tal  ansia  por  lo  bueno, 
Lo  puro,  lo  divino  y  lo  sereno, 

Que  paso  por  el  cieno, 
Envuelto  en  mi  blanquísima  armadara, 

Soñando  con  la  altura 

Tranquila  de  la  gloria; 
Llevando  mis  ensueños  siempre  llenos 
De  cumbre,  de  pelea  y  de  victoria. 


Recóndita  Armonía 


HAY  ALGO  EN  MI 

«.  A!  R.  P.  Juan  de  Dios  Moratorio 

Hay  algo  en  mí  como  una  lumbre  intensa, 
Que  me  da  vida  y  luz  y  movimiento; 
Que  sufre  y  llora  y  se  consuela  y  piensa 
Con  esencia  sutil  de  pensamiento ; 

Como  muralla  de  ciudad  guerrera 
Que,  en  lides  justas,  triunfadora  fué; 
Como  girones  de  gentil  bandera 
De  un  paladín  heroico  de  la  fé ; 

Como  torrente  que  devasta  y  ruge, 
De  la  montaña  al  descender  corriendo, 
Cual  milenaria  encina  que  no  cruje 
Y  sigue  vendavales  combatiendo; 

Como  murmullo  de  apacible  río 
Que  tañe  liras  de  vital  rumor; 


64 


Francisco  B.  Fiorito 


Como  pálida  gota  de  rocío 

En  un  cáliz  blanquísimo  de  flor; 

Como  las  llamas  de  un  volcán  ardiente 
Que  miedo  pone  con  su  ronca  voz ; 
Como  surco  que  guarda  la  simiente: 
i  Arcilla  y  vida  y  resplandor  de  Dios! 


Melancólicos  reflejos 

De  otros  lagos  donde  vagan 

Los  bajeles,  de.  mis,  versps,. 


?ag    73 


Recóndita  Armonía  65 


POBRES   VERSOS 

A  Juan  Alberto  St.  üpéry. 

Se  me  fueron  ya  los  cantos 
Con  rumores  de  cascadas. 

Se  me  fueron  ya  los  versos 
Errabundos,  que  mojaban 
En  la  fuente  de  unos  ojos, 
La  blancura  transparente  de  sus  alas, 

Esos  versos,  esos  cantos, 
Que  tan  sólo  transitaban 
Por  las  calles,  que  tenían 
Dos  hileras  de  románticas  pestañas. 

Esos  versos,  esos  cantos. 
De  la  andante  caravana, 
Que  en  las  rojas,  frescas  guindas 
De  unos  labios  se  posaban 


66  Francisco  R.  Fiouno 

Pajaritos  ignorados 
De  las  selvas  ignoradas, 
Que  tan  sólo  con   las  redes 
De  cabellos  se  cazaban. 

¿  Dónde  fueron  esos  versos 
Que  la  lira  ya  no  sabe  por  do  andan  ? 

¿  Van  en   pos  de  los  reflejos 
De  la  triste  luna  pálida, 
O  se  duermen  en  los  nidos 
Encumbrados  de  las  águilas? 

¿Se  perdieron  en  las  sombras 

De  enemigas,  negras  almas, 

O  en  las  puras  claridades 

De  las  blancas,  sus  amigas,  sus  hermanas?. 

Yo  los  quiero.  Yo.  los  busco; 
i  Es  ¡a  lira,  su  señora,  que  los  llama! 


Recóndita  Armonía  67 


Que,  sin  ellos,  ya  no    hay  vida, 
Que,  sin  ellos,  todo  es  lágrimas, 
Que,  sin  ellos,  sólo  es  prosa 
La  comida  de  las  almas 

¡Pobres  versos!  En  las  tardes  andan  solos 
En  inmensas  y  selváticas  bandadas ; 

Y  me  cuentan  que,  de  noche, 
Son  enormes  luces  malas  ; 

Y,   si  el  día  tiende  el  manto 

De  sus  grandes  nubes  pardas. 

Van,  cansados,  a  sentarse 

En  las  peñas  de  los  mares,  solitarias, 

Y  de  allí  lanzan  al  mundo 
Su  estridente  carcajada  ! 

¡Pobres  versos  extraviados, 
Peregrinos  sin  sandalia ! 
Pobres  versos  desnuditos 
Sin  ropaje  de  palabras! 


FIORITO 


9? 


(1) 


3Í*iC 


A  la  Sra.  María  Teresa  Quíntela  de  Mone». 


El  jazmín  es  la  flor  de  mis  jardines : 
Mi  jardín  está  lleno  de  jazmines. 

El  candor,  la  inocencia,  la  alegría 
Simbolizan  ¿no  es  cierto,  madre  mía? 

Tú  cuidaste  la  vida  de  esas  flores 
Contra  fríos  y  vientos  destructores; 

Mas,  llegaron  los  vientos  como  nieve 
Y  las  flores  vivieron  vida  breve 

¡Madre  mía,  murieron  los  jazmines! 
¡Ya  no  puedes  pasear  por  mis  jardines! 


(1)    Florido. 


70  Francisco  B.  Fiorito 


II 


En  las  frondas  oscuras,  silenciosas 
Hubo  una  regia  floración  de  rosas ; 

La  pasión,  madre  mía,  simbolizan. 
¡  Esa  mala  pasiiMí  que  aromatizan  ! 

Intentaste  matar  las  nuevas  flores 
Mas,  los  aires  les  fueron  bienhechores 

Y  los  soles  que  llegan  lentamente 
Me  pusieron  las  rosas  en  la  frente .... 


Viven  ellas  y  mueren  los  jazmines. 
¡Ya  no  puedes  pasear  por  mis  jardines! 


La  magnolia  soberbia  y  corpulenta 
Floreció  en  una  noche  de  tormenta. 


Recóndita  Armonía 


71 


Ya  de  encono  muriendo  van  las  rosas 
¡Las  magnolias  par-ecen  mariposas! 


Si  quieres  adornarte  con  sus  galas, 
Leídamente  despliega  tus  dos  alas 

i  Que  las  flores  nacidas  en  macetas, 
Las  desprecian  las  m.adres  de  poetas! 


i 


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SIEMPRE 


Hasta  ayer  fueron  promesas 
Tus  dos  grandes  ojos  negros, 
Que  llamaron  los  profanos 
Dos  libélulas  de  fuego. 
Y  que  yo,  devotamente, 
Llamé  padres  de  mis  versos . . . 
Tus  dos  ojos  que  son  naves 
Por  los  mares  del  ensueño; 


Que  son  astros  errabundos 
Transitando  por  los  cielos ; 
Que  son  faros  de  esperanza, 
Que  son  labios,  que  son  besos, 
Que  son  lagos  con  sirenas : 
Melancólicos  reflejos 
De   otros  lagos,  donde  vagan 
Los  bajeles  de  mis  versos. 


74 


Francisco  B.  Fiokito 


Hasta  ayer  fueron  promesas 
Engendradas  por  mis  ruegos; 
Desde  hoy,  serán  capullos 
Y  arca  santa  de  recuerdos. 

Y  mañana,  tus  dos  grandes, 
Soñadores  ojos  negros 
¿  No  serán  a  los  profanos 
Cual  libélulas  de  hielo? 

¡Y  los  digan  apagados! 
¡Y  por  siempre  los  crean  muertos 
Ignorando  que  ellos  viven 
En  la  vida  de  mis  sueños. 
En  la  lumbre  de  mis  ojos, 
En  el  alma  de  mis  versos! 


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SUEÑO 

A  Miftlia  y  Elsa  Mones  Quiniela. 

Soñé  con  un  alcázar  misterioso, 
Con  un  jardín  de  sensitivas  lleno, 
Con  un  lago  de  místico  reposo 

Y  con  unarroyuelo  rumoroso 

Que  corre  lentamente, 
Al  pie  de  una  montaña  soberana  ; 
Que  le  ciñen  la  cumbre  omnipotente 
Unos  blancos  cabellos  en  la  frente, 

Y  el  venero  de  luz  de  una  fontana. 

Y  explicóme  una  vieja  a  la  mañana 

Con  palabra  gangosa : 

El  alcázar  es  cuerpo  que  se  arrastra 
Hacia  la  luz;  es  el  capullo  rosa 
De  las  jóvenes  almas  sensitivas; 
Es  la  fuerza  vital  que  se  desgasta 


76  Francisco  B.  Fiorho 


Y  se  quema  también,  como  las  alas 
De  una  blanca  y  osada  mariposa, 

Que  la  llama  ha  dejado 

Despojada  de  galas 

Las  almas  son  las  blancas  sensitivas. 

En  las  tardes  serenas, 
Cuando  afluyen  las  penas. 
Como  una  inmensa  procesión  doliente, 

Al  pasar  por  la  frente. 
Sentimos  que  se  inclinan  tristemente 
Las  cansadas  cabezas  pensativas. 

Es  el  lago  tranquilo  la  conciencia, 
Que  funde  en  el  crisol  de  la  belleza, 
Los  misterios  sagrados  de  la  ciencia 

Y  el  esplendor  de  la  naturaleza. 

Es  el  dulce  arroyuelo  rumoroso 
La  imagen  del  amor  que  nos  anega; 
Es  el  ángel  sutil  y  cauteloso. 
Que  en  un  corcel  alado  y  misterioso 
A  nuestro  pecho,  sin  sentir,  nos  llega. 


Recóndita  Armonía  77 


Es  la  mole  soberbia  aquel  cerebro 
Que  abrigaba  las  santas  rebeldías, 
Que  en  la  lucha  de  llantos  y  dolores 

Deshojó,  como  flores. 
Las  soñadas  y  dulces  fantasías. 

Son  los  cabellos  canos 

Los  muertos  idealismos, 
Que,  como  blancas  y  piadosas  manos, 

Sondearon  los  arcanos 
Donde  ha  tiempo  vivió  el  romanticismo. 

Y  es  la  regia  fontana 
De  todo  lo  pasado  soberana, 
De  todo  aquello  que  se  va  y  no  vuelve, 
De  la  penumbra  incierta  que  lo  envuelve 
Lo  que  ya  no  se  olvida  por  perdido. 
Lo  que  en  el  alma  se  eterniza  y  vive : 
El  recuerdo  doliente 
Que  traspasa  el  olvido 


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PRIMAVERA 


A  Luis  V.  Fiorito. 


Todo  es  flores  y  perfumes  en  el  huerto 

Ya  llegaron  las  ligeras 

Golondrinas  mensajeras  ; 

Y  en  el  aspa  del  molino, 
Como  nave  viajadora  el  blanco  lino, 
Sus  dos  alas  arrollaron  silenciosas, 
En  las  aguas  de  este  puerto 


Es  la  madre  primavera 
Que  a  los  valles  y  montañas  y  praderas 

Da  la  verde  lozanía  ; 
Que  en  los  cielos,  las  estrellas 

Va  volcando  lentamente; 
Que  en  la  tierra  siembra  flores, 

Y  despierta  la  poesía 

En  la  mente  soñadora 

De  galanos  trovadores 


80  Francisco  B.  Fiorito 

Y  las  notas  van  brotando  dulcemente 

De  la  lira  campesina, 

Y  se  pierden  en  la  sombra  de  los  sauces 

O  en  la  copa  de  la  encina, 
O  se  bañan  en  el  chorro 
Policromo  de  la  fuente 

Las  torcaces  silenciosas 

Y  las  bellas  mariposas 
Son  las  vírgenes  etéreas 
De  románticas  mansiones, 

Donde  el  manto  purpurino  de  la  aurora 
Las  envuelve  cariñosa, 
Cual  si  fueran  sus  legiones; 

Y  en  fantástica  bandada 
De  colores  y  alegría, 

A  la  tierra  engalanada 
Presurosa  las  envía, 
Como  riego  salutífero  de  flores 

Y  la  vista,  por  doquiera  que  se  esplaye 
Por  doquiera  es  sorprendida 


Recóndita  Armonía  81 


Con  las  flores,  la  fontana, 
La  armoniosa  filigrana 
De  los  cantos  de  las  aves 
Derramando  sus  sentires. 

Se  asemejan  a  las  notas  voladoras,  lentas,  suaves 

Arrancadas  a  una  lira, 

Que  preludia  sus  decires. 

Con  cadencias  vibradoras,  ' 

Como  címbalos  de  plata ; 
Transparentes  como  lágrimas  de  llantos. 

Con  cadencias  precursoras 

Del  rumor  de  ¡a  sonora, 

Misteriosa  catarata 
De  los  versos  y  los  cantos 

Es  la  madre  primavera 

Que  abre  todas  las  ventanas 

De  mi  alma  adormecida; 

Por  las   tardes  y  mañanas 
Me  presenta  lo  más  bello  de  sus  mundos, 
De  sus  fuerzas,  de  sus  vidas, 


82  Francisco  B.  Fiorito 


Donde  van  los  errabundos, 
Voladores  cantos  míos 
A  abrevarse  en  el  estanque 
Matinal  de  su  rocío. 

Y  se  vuelven  por  las  noches 
— Las  sombrías,  tristes  madres  de  la  aurora — 
Cobijados  con  sus  velos 

Y  sus  mantos  coralinos, 

Y  no  pasan  ni  reposan, 

Pues  ya  emprenden  peregrinos. 
En  bandadas  juguetonas  y  canoras. 
Su  ascensión  hasta  los  cielos 
Donde  acaban  los  arroyos,  los  torrentes  y  El  Camino. 


Recóndita  Armonía  83 


ÁRBOL  SECO 

A  Silvio  Guelmi. 

Árbol  seco 

Solitario, 
El  más  viejo  y  más  querido  de  mi  huerto 

Legendario 
¿Quién  te  besa?  ¡  Ay !  Te  besa  como  a   un  muerto 
Que  no  llora  el  campanario ; 
Que  no  siente  del  rosario 
La  postrera  despedida. 

¡No  era  un  alma  de  otro  pecho, 

Ni  a  la  vida 

De  otra  vida  estaba  hecho ! 

¿Quién  te  llora, 

Árbol  seco...  solitario? 

¿Quién  implora 

Por  la  pobre  vida  muerta 

De  tu  tronco  milenario? 


84 


Francisco  B.  Fiorito 


Yo  te  beso, 

Yo  te  lloro, 

Por  ti  imploro ; 
Porque  vistes  el  ropaje  del  anhelo 

Negro  y  frío ; 

i  Triste  velo 
Del  que  restan  los  pedazos! 
¡  Porque  tienes  unos  brazos 
Que  buscando  van  al  cielo, 

Cual  los  míos! 


JR     *_*_j^__-^-      ífJ     ífr     íií     ííí     ííí      íií     W-      -^     •*      ■*      ^'     i¥:      ^     ^     ^ 


MIENTRAS  VIENE  LA  NOCHE 


AI  Pbro.  Ramón  Montero  y  Brown. 

Todo  es  silencio  en  rededor;  y  todo 
En  el  rojo  horizonte  se  proyecta, 
Con  fantásticas  líneas,  de  modo 

Que  pudieran  decirse  una  perfecta 
Y  andante  caravana  de  visiones 
Que  ha  quedado  silenciosa  y  quieta. 

Las  torcaces  parecen  corazones, 
Que  van  llorando  dolorosas  cuitas, 
Al  compás  de  sus  lánguidas  canciones. 

Es  momento  de  besos  y  de  citas 
Para  todos  aquellos  que  se  quieren 
Con  las  ansias  de  amar,  casi  infinitas. 


86  Francisco  B.  Fiorifo 


Para  todos  aquellos  que  se  quieren, 

Recordando  pasados  idealismos, 

Que  las  sombras  calladas  les  sugieren 


Va  mostrando  la  noche  sus  abismos 
La  calandria  derrama  lentamente 
La  fluidez  de  sus  plácidos  lirismos; 


Las  sirenas  perfuman  la  corriente 
Con  la  esencia  sutil  de  su  alegría , 
Saludando  al  monarca,  que,  silente, 

Va  poblando  de  luz  mi  fantasía, 
Cual  si  alumbrara  colosal  montaña  : 
Se  hace  noche  en  redor,  adentro,  día 

Soy  un  regio  pastor  en  su  cabana 
Que  ha  tomado  su  flauta  silbadora 
De  trino  fuerte  y  vibración  extraña 


Recóndita -Armonía  87 

Y  la  empiezo  a  tañer,  porque  es  la  hora 
De  hilvanar  mis  romárvticas  canciones, 
Mientras  la  tierra  en  el  silencio  llora; 

Mientras  hay  en  el  aire  vibraciones 
De  tiernas  serenatas,  y  sonantes 
Memorias  de  bailados  pericones; 

Mientras  llegan  bajeles  con  brillantes, 
Que  alumbrarán  el  cielo  oscurecido, 
Mientras  llegan  volando  las  am.antes, 
Temerosas  torcaces  a  su  nido 


A0 


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CADA  NOCHE 


A  Elena_  Turienzo  de  St.  Upéry. 


Cada  noche  me  besan  las  estrellas 
Con  un  beso  de  luz  sobre  la  frente. 
Son  mis  amadas  pálidas  y  bellas , 
Hijas  de  un  viejo  rey,  mago  de  Oriente 


¿Caminan  hacia  mí  sin  marcar  huellas, 
Como  una  inmensa  procesión  silente  ? 
¿  O  es  que  soy  yo  que  me  aproximo  a  ellas 
Al  dejar  nuestra  tierra,  lentamente? 

Yo  no  sé.  Cada  noche  que  volvemos 
A  salir  de  lo  obscuro,  y  que  nos  vemos. 
Con  más  fuerza  que  nunca  nos  besamos. 


De  mis  labios  se  escapan  los  gemidos; 
Las  estrellas  contestan  con  latidos; 
Y  parece  ¿no  es  cierto?  que  lloramos. 


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TE   BESO 

A  Valentín  F.  Crosa. 

Yo  he  sentido  resbalar  las  horas  lentas, 

Yo  he  sentido  las  selvajes  melodías 

Que  desprenden  de  su  pecho  las  tormentas, 

Y  he  sentido  la  selvática  alegría 

De  lo  grande,  de  lo  arcano, 
De  lo  fuerte  y  soberano, 

Y  entre  ráfagas  violentas. 
Ha  volado  con  ardor  mi  fantasía. 

Yo  he  pasado  muchas  horas,  contemplando 
La  venida  del  crepúsculo  dorado : 

Y  he  paseado  muchas  noches  canturreando 
Entre  aromas  de  los  pastos  de  algún  prado : 

Y  ha  corrido  por  la  mente 
Melancólica  y  fulgente, 


92  Francisco  B.  Fiorito 


Mis  pesares  arrastrando, 
«La  Grandeza  de  lo  grande»  y  lo  sagrado. 

Yo  he  dormido  muchas  tardes  de  verano, 
A  la  sombra  de  una  acacia,  larga  siesta, 
Aspirando  de  mi  tierra  el  aire  sano 
Que  jugaba  con  los  pastos  de  la  cuesta. 

Y  he  sentido  los  murmullos, 
Los  suavísimos  arrullos 
De  calandrias  y  torcaces 
Que  cantaban  sus  fugaces, 
Tiernas  notas  amorosas  de  protesta. 

Pero  nunca  había  sentido  en  mis  deseos 
Armonía  más  completa  de  embeleso 
Sino  cuando  tus  dos  labios  cananeos 
Engendraron  las  cadencias  de  aquel  beso. 

Tus  dos  Icibios  de  corales, 
Tus  dos  labios  inmortales. 


Recóndita  Armonía 


93 


En  la  estrofa  rutilante  de  mis  cantos 
Tus  dos  labios  más  sabrosos  que  las  mieles 
Que  brotaron  del  cincel  de  Praxiteles 
Y  consuelo  de  mis  penas  y  mis  llantos. 


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AMANECER 

A  Joaquín   Lorenzo. 

Pasó  la  sombra  de  la  noche  lenta. 
El  sol  su  lumbre  derramando  viene 
Sobre  el  paisaje  matinal,  que  tiene, 

Todo  el  rumor  naciente, 

Que,  de  la  selva  umbría. 
Sonoro   brota  al   despertar  el   día. 

Los  rayos  luminosos, 

Más -rubios  que  las  mieses 

Del  del  trigo  sazonado. 
Los  troncos  besan  del  sauzal  lloroso. 
Que  es  por  el  agua  sin  cesar  mojado 
De  un  manantial  que  es  arroyuelo  a  veces. 


El  gallo  entonces,  luchador  bravio, 
Cual  fuerte  clarinada. 


96  Francisco  B,  fiorito 


Al  aire  eleva  su  guerrero  canto, 
Que  el  hornero  parodia  en  carcajada, 
Y  la  torcaz  en  doloroso  llanto. 

El  tordo  negro,  de  expresión  sombría, 
Que  el  huevo  deja  en  el  hogar  ajeno. 
El  claro  busca  de  la  selva  umbría. 
Donde  está  el  aire  de  cantares  llena. 

Las  flores  rojas  que  el  remanso  orillan, 
Se  mueven   tenues  de  la  brisa  al  roce: 
Como  en  un  puro  y  misterioso  goce. 
Resplandecientes  brillan 

Las  besa  el  sol,  dejando  *en  sus  pensiles 
Quebrar  su  rayo,  que  el  amor  conoce ; 

Que  en  ansias  juveniles. 

El  blondo  rizo  con  la  flor  enlaza. 

Mas sobre  todas  pasa. 

Sin  que  en  ninguna  su  cariño  pose.... 


Recóndita  Armonía  97 


La  noche  fué.   Alegre  el  campesino, 
Con   su  muy  puro,  sin  igual  contento, 

Haciendo  su   camino. 

Que  va  a  la  sementera, 

Contempla  la  pradera 
Y  lanza  entonces  su  cantar  al  viento.. 

Toda  natura  canta. 
Con  cadencias  sonoras  de  alegría, 
El  poder  del  Señor  omnipotente; 

Y  sus  voces  levanta 

Hacia  el  cóncavo  azul  el  alma  mía, 

Y  se  inclina  m.i  frente 

Que  la  caricia  de  Jehová  ya  siente 
Impregnada  de  amor,  tres  veces  santa. 


^¿ 


****^c*****      ^t      «      »      * 


V      *      *      *      * 


LOS  DOS:  TU  Y  YO 

A  Hildita. 

Por  verdes  campiñas  de  tierra  querida, 
Al  soplo  potente  que  aleja  el  dolor; 
Iremos  rimando  canciones  de  vida, 
Pasiones  sinceras,  perfumes  de  amor. 

El  céfiro  agita  tu  negro  cabello, 
Tus  rizos  se  mueven  en  tenue  compás, 
Y  yo,  como  amante  que  soy  de  lo  bello, 
Desprecio  del  mundo  la  gloria  falaz. 


Y  busco  la  gloria  que  tú  proporcionas. 
Que  es  todo  pureza,  que  es  todo  ilusión. 
Escucho  la  nota  que  amante  tú  entonas 
Sondeando  el  arcano  del  fiel  corazón. 


100 


Francisco  B.  Fiorito 


Y  el  céfiro  amante  que  hermana  las  almas, 
Llevando  en  sus  alas  el  último  adiós, 
Recoge  en  el  mundo  placeres  y  calmas 
Vertiendo  ese  bálsamo  al  pie  de  los  dos. 


•^     -ó-     -ó-     •<>-     -ó-     ■<>•     ■<>•     •<>•      o-     -ó-     -^     -ó-     -^     -ó-     -ó-     -o- 


ES 


Para  Antonio  Arrico. 


Es  mi  ardiente  fantasía, 
Que  me  lleva  la  alegría, 
Que  me  trae  la  poesía, 
Entre  sones  musicales  y  armoniosos. 

Es  la  fuerza  creadora, 
Es  la  fuerza  que  no  llora 
Y  que  tierna  me  enamora. 
Como  diana  de  clarines  belicosos. 

Es  el  canto  del  pasado, 
Que  sondeaba  lo  ignorado, 
Que  me  tiene  aletargado. 
Con  su  grito  penetrante,  abrumador. 


102  Francisco  B.  Fiorito 

Es  la  lira  sacrosanta 
Que  potente  se  levanta, 
Es  la  nota  que  me  encanta, 
Porque  suena  como  ritmo  arrullador. 

Tu  palabra  cariñosa 
En  mi  pecho  se  reposa, 
Como  blanca  mariposa, 
Bajo  el  palio  sacrosanto  de  una  flor 

¡Es  tu  torre  solitaria, 
Es  tu  alma  visionaria, 
Es  la  tierra  pasionaria, 
Es  la  nube  perfumada  de  tu  amor! 


^mMWMí 


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EL  BESO 

A  César  de  Palleja. 

¡  El  beso ! El  beso  en  el  labio  rosado, 

Alegre,  sublime, 

Que   vibra,  redime 
Un  sueño  en  el  cóncavo  pecho  olvidado. 

Que  plagia  del  aire  los  dulces  cantares, 

Que  vuela,  se  posa 

i  Oh  esfinge  dichosa! 

Que  aleja,  que  estruja  los  negros  pesares. 


Levanta  su  vuelo  gentil,  do  se  toca 

El  ansia,  el  olvido; 

Y  forma  su  nido 
En  regia  y  perenne  mansión  de  una  boca. 


104 


Francisco  B.  Fiorito 


Es  gloria,  sonido,  canci(>n,  iiicloclía, 

Que  alegra,  enternece; 

Y  en  sueños  parece 
El  trono  de  alada,  sutil  fantasía. 

Es  musa  divina  que  encuerda  la  lira, 

Que  alivia  los  pechos 

En  penas  deshechos. 
Que  brilla  en  Icts  ojos  de  aquel  que  suspira. 

jEl  beso!...  el  beso  en  el  labio  rosado 

Alegre,  sublime; 

Que  vibra,  redime 
Un  sueño  en  el  cóncavo  pecho  olvidado. 


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LUCHAR 

Al  Dr.  Alejandro  Xogiieira. 

¡  Emprenderé  el  camino  hacia  la  cumbre, 
El  término  final  de  mi  jornada! 
Hay  caminos  de  sombras  y  de   lumbre, 
De  suspiros,  de  risa  y  carcajada. 

¡Necesario  es  subir!  El  que  no  sube, 
Se  arrastra  miserable  por  el  lodo ; 
¡Engendrar  tempestades  cual  la  nube, 
Y  cual  el  cóndor,  escrutarlo  todo! 

Elevar  en  el  pecho  un  santuario, 
Albergue  que  sea  dado  a  la  conciencia  : 
Incansable  y  divino  campanario 
Que  toques  da  de  amor  y  de  clemencia. 


106  Francisco  B.  Fiorito 

Doy  al  débil  la  mano  protectora; 
Al  náufrago  le  ofrezco  mi  bajel ; 
Un  lienzo  de  consuelos  al  que  llora  ; 
Al  soberbio...   No  hay  nada  para  él. 

Si  ruedo  al  precipicio  en  la  subida, 
Más  difícil  será  toda  victoria ; 
jEntonces,  nadie  vendará  mi  herida: 
Esa  será  la  gloria  de  mi  gloria! 

Ascenderé  de  nuevo,  y,  si  es  preciso. 
Mil  veces  lucharé  con  la  subida. 
¡El  águila  por  cumbres  siente  hechizos 
Sin  que  arredre  su  vuelo  la  caída! 

Y  si  cae  ¿qué  importa?  Con  sus  alas 
Desafía  las  rudas  tempestades ; 
¡Deshecha  siempre  femeniles  galas 

Y  vuela  sin  temer  las  soledades! 


Recóndita  Armonía 


107 


Sólo  ansio  triunfar.  Si   la  victoria 
Mi  juvenil  esfuerzo  ha  rechazado, 
¡Oscurézcase  el   polvo  de  mi  historia! 
¡Sea  un  astro  en  mis  cielos  apagado! 


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¿POR   QUE? 

A  Luis  Ferrari. 

¡Cuántas  veces  la  cabeza  tristemente  reclinada, 
En  la  mano  temblorosa,  se  ha  sentido  acariciada 
Por  el  soplo  de  un  recuerdo  melancólico  de  amor! 

¡Cuántas  otras,  a  la  lumbre 
De  una  vieja  pesadumbre. 
Ha  tejido  sus  cantares. 
Tan  henchidos  de  pesares. 
Que  parecen  de  la  trama  del  ropaje  del  dolor! 

¿Por  qué  siempre  los  placeres,  de  dolores  van  seguidos. 
Como  siguen  los  recuerdos  a  los  pechos  doloridos. 
Por  la  inmensa  caravana  que  un  anhelo  deja  en  pos? 

¿Por  qué,  al  vuelo  de  una  nota 
Que  en  el  éter  suave  flota. 


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hKANcisco  B.  t-iokno 


Otra  hermana  que  en  la  clave 
Se  ha  posado  como  un  ave, 
Le  interpone  la  cadencia  melodiosa  de  su  voz? 

¿Por  qué,  al  rojo  somnoliento  que  colora  el  horizonte. 
Lo  obscurece  la  silueta  majestuosa  de  aquel  monte; 
Y  a  los  cantos,  el  gorjeo  de  una  flauta  de  cristal? 

¿Por  qué  dentro  el  pecho  amante. 
No  tendré  yo  algún  diamante 
Que  la  luz  tornasolara, 
Y  los  males  me  trocara 
En  placeres  de  blancura  de  la  nieve  virginal? 


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VEN   PÁLIDA   ENFERMA 


A  María  Elena  Saint  Upéry. 

Ven,  pálida  enferma; 
Yo  quiero  que  sientas  la  sangre 

Correr  por  tus  venas, 
Que  sientas  el  suave  perfume 

Del  trigo  de  rubia,  gentil  cabellera; 
Que  corras,  que  saltes, 
Que  vayas,  que  vengas, 
Metiéndole  miedo 

A  todas  las  aves  que  cantan  y  juegan, 

A  todas  las  aves  que  lloran, 

A  todas  las  aves  que  amantes  se  besan. 


¡Pues,  llantos  y  besos 
Son  hijos  y  padres  de  penas! 


112  Francisco  B.  Fiorito 


— Los  besos  hablando  de  aves, 
Se  entiende,  mi  linda  morena. 

Que,  si,  muy  amante. 
Los  doy  a  tu  cara  palidita  y  bella, 

¿Quién  puede  soñarlo, 
Quién  puede  soñarlo  que  engendren  las  penas  ? 

Yo  quiero  que  cantes  alegre, 
Llenando  de  trinos  las  verdes  praderas, 
Llenando  los  aires  de  notas. 
Cual  lluvia  sonante  de  perlas  . . . 

¡Que  corras,  que  saltes, 
Que  vayas,  que  vengas, 
Dejando  en  suelo  de  verde  gramilla 
Que  alfombra  la  selva, 

Del  blanco  zapato 
La  nítida  huella  ! 


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Recóndita  Armonía  113 


Eterno  es  mi  bosque, 

No  hay  hojas  caídas  ni  muertas ; 

Eterno  es  el  canto  sonoro 

De  todas  las  aves  que  pueblan 

Su  verde  ramaje ; 

Eterno  el  perfume  que  los  aire  llena, 

Y  eternos  los  besos 
De  aquellos  amantes  que  a  su  sombra  juegan. 

Ven,  pues,  a  mis  bosques. 
Ven,  pues,  a  mis  verdes,  tranquilas  praderas; 
Yo  quiero  ofrendarte  la  música  extraña, 

La  música  nueva 

De  mil  pajarillos  pintados. 
Que  trinan,  que  saltan,  que  vuelan. 

Yo  quiero  ofrendarte  el  lánguido  arrullo 
De  pálidas  aguas  que  corren  ligeras. 


114  FRANCISCO  B.   FlORITO 


Y  flores  sencilkis 

Que  adornen  tus  trenzas, 

Y  coplas  amantes 

Que  tornen  parlera  tu    plácida  lengua. 

Y  mimos  y  besos. 

¡Los  besos  son  padres  de  penas. 
— Hablando  de  aves, 
Mi  linda  morena— 

Que,  si,  muy  amante, 
Los  doy  a  tu  cara  palidita  y  bella, 

¿Quién  puede  soñarlo. 
Quién  puede  soñarlo  que  engendren  las  penas? 


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LECCIÓN 


A  Juan  Luis. 


Quiero  que  el  alma  atormentada  y  ruda 
Doblegue  la  cabeza 
Cansada  de  pensar,  y  que  sacuda 
Las  capas  del  dolor,  y  que,  de  muda, 
Parlera  torne  la  glacial  tristeza. 

Quiero  tus  ojos  contemplar  amantes; 
Que  el  raudo  giro  de  tu  dulce  canto 
Evoque  las  distantes 
Sonoras  armonías 
Que  fueron  mi  placer. 


Y  quiero  que  mi  santo 
Bajel  de  fantasías 
Navegue  por  los  mares 
De  tu  alma  de  mujer. 


116 


Francisco  B.  Fiorifo 


Quiero,  los  Vivos  tulipanes  rojos 
Del  labio  tuyo  con  el  labio  mío 
Volver  a  unir,  y  los  amantes  ojos 
Tranquilo  contemplar 
Sin  el  tul  blanco  del  sutil  rocío; 

iPorque  quiero  enseñarte,  encanto  mío, 
A  sufrir  sin  llorar! ! 


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HERMANAS 

A  Aurora  Delia  Fiorito. 

¿Recuerdas  los  paseos, 
En  dulces  noches  claras, 
Tranquilas  y  serenas 

Y  cual  tu  alma  dulcemente  pálidas? 

¿Cuando  tus  ojos  de  mirar  intenso 
A  mis  ojos  miraban, 

Y  tus  dos  manos  a  esconderse  iban 
En  mi  flotante  cabellera  larga? 

¿Cuando  tus  labios  de  temblor  de  estrella 

A  mis  labios  buscaban, 
Para  dejar  en  aquel  surco  rojo 
Las  locas  risas  que  engendraron  lágrimas  ? 


118  FRANCISCO   B.   FlORlTO 


El  surco  negro  de  la  madre  tierra 

Es  cual  dos  labios  que  a  reír  se  lanzan ; 

Y  sin  embargo,  la  cortante  reja 

Es  por  el  llanto  terrenal  regada. 

E!  trigo,  niña,  ¿será  entonces  llanto 
O  será  carcajada? 

i  Es  que  el  surco  se  cierra!;  y  ¿cómo  ríe, 

Con  la  boca  cerrada, 
Si  no  tiene  dos  ojos,  que  de  adentro. 
Esas  risas   reflejan  y  esas  lágrimas? 

¿Si  es  que  no  tiene,  como  tú,  dos  manos 

Divinamente  blancas. 
Que  saben,  calladitas,  revelarme 
Lo  que  los  ojos  y  los  labios  callan? 


Recóndita  Armonía  119 

¿Recuerdas  los  paseos, 
En  dulces  noches  claras, 
Tranquilas  y  serenas 

Y  cual  tu  alma  dulcemente  pálidas? 

¡Recuerdas!...  y  no  piensas 
Que  tú  y  la  noche,  que  en  silencio  hablan, 
Son  las  parleras  hermanitas  buenas 

De  la  tierra  silente  que  lloraba; 

Que  la  noche  las  besa 
Con  besos  que  las  líneas  agigantan. 

Y  la  tierra  también  con  labios  negros 

Te  ha  de  besar,  amada : 
Cuando  en  tus  ojos  teja 
La  misteriosa  araña 

La  tela  que  ha  de  unirte 
Con  la  noche  callada 


120  Francisco  B.  Fiorito 


Y  la  tierra  también,  con  labios  negros, 

Te  ha  de  besar,  amada 

Ella  brinda  sus  labios  y  sus  brazos, 
Como  postrer  morada 

¡Ella  es  hermana  tuya  y  de  la  noche!... 
jElla  es  tan  buena  y  cariñosa  hermana!! 


RECONPITA  armonía 


iítxjice: 


Prólogo 5 

Recóndita   armonía.  —  Ofrenda  ....  11 

¿Por  qué  canto? 13 

— Yo  no  sé 14 

Yo  soy,  señora, 16 

Historia  breve 17 

Sed 18 

Rosas  blancas 21. 

¡  Señor  ! 25 

^%, 27 

El  frío  y  la  hoguera 29 

Digno  fin 33 

Mons.  Mariano  Soler 37 

Las  manos 55 

Poeta 58 

El  tributo 59 

Ansias 61 

Hay  algo  en  mí 63 

Pobres  versos 65 

Fiorito 69 

Siempre 73 


122 


índice 


Sueño 75 

Primavera 79 

Árbol  seco 83 

Mientras  viene  la  noche 85 

Cada  noche 89 

Te  beso 91 

Amanecer 95 

Los  dos  :  Tú  y  yo 99 

Es 101 

El  beso 103 

Luchar 105 

¿  Por  qué? 109 

Ven  pálida  enferma 111 

Lección 115 

Hermanas 117 


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P'-^  Fiorito,   Francisco  B. 

8$ly  Recóndita  armonía 

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